02/05/2014

Me gustas así, a distancia, indiferente, crédulo de mis palabras, de mis caricias egoístas que solo buscan saciar el deseo de hacerte desear.

Vulnerable ante la ilusión, víctima de la fantasía, a la expectativa de mi presencia furtiva en tu habitación, paranoico por las caricias que da la brisa en tus cabellos cuando caminas solo entre la oscuridad.

Para tí estoy en cada rincón, asomando por la ventana, detrás de las rocas y árboles a tu alrededor,  el perfume de mis labios está en todos los dobleces de tu piel oculta, esa piel que solo puede ser leída por la lengua de una hija nacida en tierras áridas, esa piel que solo es descubierta por las manos de una sirena, aquella que solo conoce el mar del deseo que le provocas.

Media noche

Escribo la mejor poesía de media noche.

Tocando tu recuerdo, a solas y con tu aroma perdido entre los pliegues de mi abrigo, me urge decirte mi nombre pero la magia está maldita, esta poesía está maldita, las noches en celo me tienen maldita.

Este deseo me tiene atrapada en complicada situación; escribo para alejarme del dolor y cada que te escribo te me clavas más, cada vez más profundo. Me perforas con ávida lengua,robas cada aliento dejando como evidencia la húmeda superficie de mi piel.

Si lograra escapar seguria escuchando tus versos una y otra vez, las promesas rotas, las ilusiones, todo y nada de esto me alimenta. Haces que mi mano emprenda vuelo a media noche, con el deseo a punto de estallar; te escribe besos, caricias y lagrimas, te cuenta la melancolia de no tenerte, de nunca haberte tenido, te habla en silencio desde un rincón de la recamara bajo una clara luz de vela.

Te pide una noche, te pide un beso, te pide todo y nada, se sabe maldita y no firma, te envia cartas esperando que respondas, esta mano loca nos domina, su deseo de encontrarse con tus dedos a hecho que todo el cuerpo desee estar entre ellos, nos entregariamos sin pensarlo.

A veces caminamos por la playa, nos lavamos los pies en el agua helada, y volvemos con las plantas cubiertas en lodo, esa cálida arena intentando proteger a tan joven cuerpo de sus locuras de media noche, hay quien me lleva abrigo, no saben que el único frío que siento es el que llevo dentro,  aquel causado por no poderte encontrar.

Un alma maldita, dueña de una mano impulsiva bajo el don de la poesía, espero el día en que decidas convertirte en mi interminable poema. A partir de ese día te amaría con la locura impulsiva de la misma pluma maldita a medianoche.

A una vasija vacía

Pero la arcilla, sin importar cuan fría viene del calor de la tierra. Besa la arena, besa la primavera y si se quiebra… las lagrimas unirán las ranuras del alma.

No temas del polvo que te compone si no de los vientos que se los llevan. No huyas de la lluvia sino de las tormentas de arena.
No recites poesía a una vasija vacía, el eco de tus palabras volverá a tí con estrépito silencio.

No se puede amar a una vasija vacía. 

Noche de claridad

El ideal inalcanzable, objeto de mi deseo y razón de mi desvelo. Ahora que tus brazos sostienen mi cadera dejalos que escuchen la melodía de mi cuerpo, que bailen los labios secos, los labios partidos. Que si la mirada esquiva la poesía oculta de mis movimientos el corazón escuché el llamado de mi anhelo, el desespero de mis latidos, el choque de tu ego contra el mío azotandose entre sombras. 

Sin miedo

Soñe que ibamos a la playa, cuando el auto por fin se detuvo abrí la puerta y corri hacia el mar, tire los zapatos, llegue a la orilla y grite, grite hasta que no tuve mas aire, le decía al mundo “Ya no te tengo miedo y tendras que lidiar conmigo”, entonces entendí por que se grita cuando se ama, por que se gime cuando se hace el amor, cada grito es un miedo liberado, una inseguridad menos “ya no me da miedo que me toques”, “ya no me atemoriza mi cuerpo”, “tu no me das miedo”, “ahora te puedo amar”… 

El amor perdido es el perpetuo tormento

Por demás conocida la frase “Uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”; Cuando somos pequeños nuestras madres nos la mencionan y a tan corta edad, sin mucho que perder, no cobra importancia tal enseñanza. En la adolescencia, sin embargo, y con la pérdida del que llamamos nuestro primer amor: comenzamos a tomar con más seriedad dicha frase, como balde de agua fría retumban en nuestra nuca estas palabras y erróneamente aprendemos que para valorar algo hay que perder, nos burlamos de aquellos que dicen haber encontrado el amor al primer intento y si nuestros padres son de aquellos que se casaron sin tener previos novios, los vemos con el ceño fruncido, pensando que se trata de una treta para inculcarnos la idea de monogamia y en cierto grado santurrismo.

Pasan unos cuantos años más y tras haber entregado el corazón otras tantas veces comenzamos a aferrarnos a la idea de que ya conocimos al verdadero amor y entre discusiones míseras le hemos perdido sin que quede remedio alguno y se nos hace fácil caer en otro idealismo común: “la media naranja”, esa pieza humana que te complementa. Como si hubiésemos nacido mancos y la mano faltante la tuviera esa persona, como si nos faltase un pulmón y a su lado respirar fuera más ligero a razón del complemento encontrado.

Pero como no sabemos ser tan pesimistas, y el entusiasmo es característico de la juventud nos convencemos de que tal vez “existe más de un alma gemela”, comenzamos a buscar en otros cualidades que creemos nos faltan pero también iniciamos a valorar características que antes no sabíamos apreciar en la pareja y con la edad esta búsqueda se vuelve más compleja;  ¿A qué se dedica? ¿Cuántos hijos quiere tener? ¿Va a misa los domingos?, son preguntas que ya no hacen tus padres. Te sorprendes formulándolas a tu pareja, llevando notas de las respuestas en lo más profundo de tu corazón; ahora el amor ya no se trata de respirar tranquilo o sentir que su mano te complementa, ahora el amor  evoluciona a una condición dictaminada por tableros, puntajes y fríos cálculos : ¿Cuándo se casan? ¿Cuándo los hijos?    ¿En donde serán las vacaciones de aniversario?.

Te convences un millón y un veces de que no pudiste conocer el verdadero amor cuando eras más joven pues apenas ahora sabes lo que quieres para tu futuro. Tratas de erradicar esas ideas, que ahora ves ridículas, sobre romance, rosas y serenatas; Para comenzar a verlas como gestos frívolos intencionados, pero no duraderos, que prueban la existencia de un sentimiento, el amor deja de ser una brisa que te eriza por dentro y se convierte en un fluido misterioso que se adhiere a tu esencia.

Ahora ves la estabilidad económica y la conversación profunda como atractivos más allá del afecto o las caricias. En algún punto te vez tentado a fantasear con una noche romántica entre las velas y jazz de fondo, pero cuando te sorprendes en el acto te reprimes con el argumento de que esas son “cosas de niños”, como si los niños supieran de los complejos rituales que tu mente ha ideado en sus ratos de fantasía y sosiego.

Poco a poco caes en la idea equivocada de que crecer es sustituir lo incierto, la aventura y el romance por la certeza, la planeación y el matrimonio. Traicionas actividades, hobbies y partes de ti a razón de madurar. Te agobias por la noche, con un poco de ánimo nostálgico, reprogramándote una serie de conductas con las cuales no estás del todo de acuerdo, pero te ves forzado, bajo tu propia mano, a aceptar como parte de la nueva etapa por la que atraviesas.

En las noches mas frías, recuerdas los besos apasionados, el ardor de estomago y las lagrimas del primer amor perdido, te sorprende como sentías antes todo a flor de piel, con la intensidad de un mar entero sacudiendo tu interior y comparas con la tranquila marea cronometrada a la luna que sientes ahora junto al que llamas amor.

En las noches frías, a veces, escurre sobre la almohada un poco de ese fluido inherente, emana la brisa del primer amor y conforme se posan los años sobre tu cabeza, en un mundo paralelo envejeces junto al primer amor.  

Anhelo Prohibido

Te veo en todas partes, escucho tu voz llamándome entre las olas, siento tus manos enredando mis cabellos por la noche, siento tu aliento soplando en mi cara, moviendo los arboles, haciéndolos cantar, una canción que solo tu y yo sabemos bailar.

Me confiesas que también me deseas, tus manos entre la seda de mis sabanas, escribes versos que lloran anhelo, exhalas  mi sabor oculto en tus pupilas y sin darte cuenta es a mí a quien buscas, sin buscar, llego a tí de las maneras menos esperadas y cuando me percibes desaparezco, la placida ilusión de lo prohibido.